J. Carlos I condecoró al rey de Arabia Saudí, el más integrista y talibán, sin consultar al gobierno.
El rey Abdalá bin Abdelaziz al Saud pidió a su "hermano" Juan Carlos I (a quien tanto había apoyado Riad financieramente desde que empezó a fraguar su fortuna con la venta de armas a países árabes) que le ayudara a blanquear su régimen teocrático y a contrarrestar la influencia turca en el panorama internacional. La respuesta del hoy emérito fue inmediata: invitó al monarca saudí a visitar España a finales de junio y le concedió el Collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro, la mayor distinción que el soberano español puede conceder a título personal, sin consultar al Gobierno, y la de más prestigio en todo el mundo. Un hecho sin precedentes porque condecoró al rey de Arabia Saudí, cabeza del wahabismo salafista más integrista e impulsor del régimen talibán, con una sagrada orden de caballería cristiana cuyos principios originales eran la lucha contra el Imperio Otomano y "la liberación de los Santos Lugares".
Carlos I, acudió rapidmente en apoyo de sus "hermanos saudíes" a mediados de julio ejercía de anfitrión en el Palacio del Pardo, conjuntamente con el rey Abdalá bin Abdelaziz, de una Conferencia Internacional para el Diálogo interreligioso, con expertos musulmanes, judíos, cristianos y de otros credos. Aparte de ellos dos, las más importantes personalidades que asistieron a ese foro fueron el secretario general de la Liga del Mundo Islámico, Abdalá al Turki, y el ministro de Cultura libanés, Tarik Mitra. Pero el monarca de Arabia Saudí quedó reivindicado a pesar de que su país hubiera financiado e instigado a los que cometieron las matanzas del 11-S y el 11-M.
Donaciones y regalos por los que el rey nunca tributó
Las fuentes consultadas por este diario subrayan que "el puro regalo de cien millones de dólares del rey saudí Abdalá llegó a la flamante cuenta de Juan Carlos I en Suiza exactamente tres semanas después de que terminara el inútil Diálogo Interreligioso en El Pardo, que no tuvo continuidad internacional ninguna, ni siquiera repercusión mediática en España. Esa coincidencia de una donación de semejante calibre por parte del monarca que acaba de ser beneficiado por los únicos fastos y condecoraciones que puede conceder personalmente el jefe del Estado español, sin depender de las decisiones del Gobierno, es más que sospechosa".
En cualquier caso, Juan Carlos I debería haber tributado por ese "regalo" saudí, según obliga el Impuesto de Donaciones a todos los contribuyentes, pero a lo largo de su reinado jamás tuvo que pagar impuestos por los millonarios obsequios y donaciones que recibía, gracias a que el Gobierno de UCD aprobó en 1982, justo antes de dejar el poder y a través de una nueva Ley Reguladora del Patrimonio Nacional, "las donaciones hechas al Estado a través del Rey". Legislación que el PSOE respaldó en 1987 con un reglamento que permite al monarca recibir donaciones ilimitadas, para su uso personal, y disfrutarlas sin condicionantes ni plazos para que pasen al Patrimonio público.
Esa ley y su reglamento siguen hoy vigentes y han eximido a Juan Carlos I de pagar impuestos por todos los bienes que recibía, al ingresarlos en el Patrimonio Nacional pese a disfrutarlos él personalmente, como la finca de La Mareta en Canarias (regalo del rey de Jordania), los yates Fortuna II y Fortuna III, o la colección de más de 70 coches de alta gama: desde Ferraris, Porsches y Maserattis, hasta el majestuoso Maybach Côte d´Azur 57S que le regaló el presidente de Daimler-Chrysler, Dieter Zetsche, pasando por el Audi RS6, el Lancia Delta HF Turbo o el Nissan 350ZX que le enviaron esas marcas.
De hecho, muchos fabricantes de vehículos (coches y motos) de lujo, como Mercedes o Honda, regalaron año tras año sus modelos más suntuosos de la gama al rey de España, quien no sólo los aceptaba, sino que incluso los reclamaba para sí (igual que decenas de relojes de altísimo precio), según han narrado en detalle a Público varios de los que frecuentaron La Zarzuela a lo largo de esos años. En cuanto a motocicletas, Juan Carlos I recibió la Harley Davidson del magnate Malcolm Forbes y la MV Augusta que le dejó en herencia el diseñador Nicola Trussardi. Una flota automotriz tan amplia que obligó a la Guardia Real a dedicar a su mantenimiento una unidad especial de 42 militares y once civiles.
Fuente: EL VERDADERO ORIGEN DE LA FORTUNA DEL REY EMÉRITO (5)
Por: CARLOS ENRIQUE BAYO

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