Violencia policial



 Hace 4 años recibí un vídeo de un amigo. Era un vídeo donde se veía a un grupo de jóvenes que estaban haciendo una sentada pacifica, seguramente protestando por algo. De repente, un grupo de guardias civiles se dirigen a ellos y sin mediar media palabra se lían a palos con los jóvenes, a pesar de que éstos ni reaccionan violentamente, ni verbal, ni físicamente.

La escena me trajo a la mente mis años jóvenes, cuando por ir a escuchar a Raimon, Lluís Llach o Serrat, o por manifestarme un 1º de mayo, también recibí alguna de esas "caricias" de los grises. Por ello subí el vídeo en mi muro y en 4 páginas de las que soy miembro, porque creo que nadie tiene derecho a liarse a mamporros, por mucha autoridad que sea, y menos contra manifestantes pacíficos que, además, podían ser mis hijos o mis nietos. Esa no es la función de la policía, lo ordene quien lo ordene.
Fue muy grande la repercusión y el número de comentarios de todo tipo que he podido leer. La mayoría indignados por la violencia desmesurada de las fuerzas de orden público, pero también he leído algunas que la aplauden. Estas últimas me duelen, porque casi todas vienen de personas mayores que vivieron la dictadura.
Cuando regresé a España, después de 31 años en la emigración, una de las cosas que me agradaron fue que la policía, y sobre todo la guardia civil, ya no vivían apartados de la ciudadanía, sino que convivían con sus vecinos. En la mayoría de casas-cuartel ya no estaban habitadas por las familias de los guardias, y tanto ellos como sus familias tenían una relación normal con sus vecinos. Eran tus amigos, tus vecinos, tus compañeros con los que conversabas, hablabas de fútbol o política, jugabas una partida al dominó o celebrabas cualquier fiesta. Nada que ver con los tiempos de la dictadura, donde las fuerzas de orden público vivían separadas de los ciudadanos.
En el tiempo que pasé en Picassent (en el pueblo, no en la cárcel) tuve amigos policías o guardia civiles. Hicimos fiestas juntos, nos gastamos bromas, discutimos sobre política, hablamos de nuestros problemas, que en síntesis eran los mismos...Exactamente como me sucedía en Alemania con los policías de allí, que también los tuve. Eso es, debiera ser, lo normal.
Pero desde hace 10 años, concretamente desde que el PP formó gobierno, todo ha cambiado. Sus leyes, en especial la Ley Mordaza, han vuelto a separar a las fuerzas de orden público de los ciudadanos. Ya no es posible esa convivencia natural entre vecinos, ya no es la policía u otras fuerzas públicas las que mejor valoradas están por la ciudadanía, ya no son tus amigos ni tus protectores...Son, porque así lo quería ese Gobierno, el instrumento que mal usan para reprimirte, para ponerte en vereda si exiges tus derechos. Derechos, que por otra parte, te quieren quitar.
Son el brazo ejecutor que maltrata a niños y jóvenes por protestar contra la Lomce o la privatización de la Educación. Son la represión que apalea a jóvenes o ancianos en Gamonal, delante de un hospital por protestar contra los recortes o la privatización de la Sanidad. Son los que detienen y multan por manifestarte contra la Ley Mordaza, o por querer votar, o por fotografiarles o a veces porque no les gusta nuestro aspecto.
Son los que cumplen la orden de cualquier fiscal o juez y te detienen por escribir una canción, una obra de titiriteros o un twitt. En definitiva, son, se han convertido, en el brazo ejecutor de los que quieren volvernos al pasado.
No, yo no les culpo solo a ellos. Ellos cumplen ordenes de los verdaderos culpables. Pero si les recrimino de que no pongan en cuestión esas ordenes, al fin y al cabo, los policías, los guardia civiles, los mossos, la Ertzaintza o los municipales son también ciudadanos con sus derechos, pero también sus obligaciones.

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