Sea algo, todo o nada de lo antes referido, lo que es increíble es que se haya convertido en todo un fenómeno mundial con tan pocos años de vida como teoría "filosófica", que nos ha desbordado por imprevisible. Pero no estaríamos debatiendo el ascenso de lo queer sin decir que esta teoría, término acuñado por Teresa de Laurentis en 1990, surgió para dar cabida y explicación a una parte de la población que no se ajusta al binomio mayoritario de hombre-mujer. Esta población, que oscila entre el 0,3 y el 1 por ciento de la población, creen haber nacido en un cuerpo equivocado y por ello reclaman su derecho a la identidad de género, como solución a su disconformidad. Yo soy lo que quiero ser y elijo ser hombre o mujer a voluntad y en base a esa elección, construyo mi propio cuerpo usando todos los recursos de los que me provee la medicina, la industria farmacéutica y la cosmética.
Este nuevo universo de posibilidades infinitas, de transmutaciones y de identidades elegibles, es lo que ha fascinado a gran parte de jóvenes, niños o adolescentes. Y no sin razón. ¿Puede haber algo más atractivo que poder decidir sobre tu propia vida, quién quieres ser, jugar a transformarse, elegir diferentes roles sabiendo que eres libre de hacerlo, que es el acto de libertad más absoluta? Así lo “venden” y así lo “compran”. Un acto narcisista que afianza el ego. Pero la realidad no es tan simple, eso es un espejismo y como buen espejismo, se volatiliza. Nada sale gratis. Este juego de construirse uno mismo, legítima aspiración postmilenial de las elf-made person es una frivolidad.
No nos preocuparía si, esta cuestión solo incumbiera a los afectados directamente en la encrucijada de la disforia de género. Pero es que no es así: hay muchísima población que ha decidido posicionarse al lado de esta ínfima proporción de la población y hoy en día lo queer está invadiéndolo todo, desde escuelas a institutos, de universidades a centros de poder político. Esto ya no es una moda, constituye un lobby de presión en todos los ámbitos de la sociedad, especialmente arraigado entre los más jóvenes.
¿Cómo es posible que una teoría, formulada en los 90, con más dudas que certezas, se esté constituyendo como un eje del pensamiento de nuestros días, afectando a ramas tan diversas como la biología, la medicina, la sociología, la filosofía y la política? ¿Es relevante e impostergable la adecuación de toda la sociedad a esta teoría de nueva generación, aunque no haya validado sus postulados y aunque no ha propuesto medidas que mejoren los estándares de vida del común de la población? ¿Por qué si sus energías están únicamente focalizadas en atender en el mejor de los casos a un 1% de la población, suscita tantas adhesiones?
Aparte de haber sido impulsada desde las altas esferas económicas, para poner a las mujeres en su sitio, no deja de sorprender el grado de candor de ciertas élites que la defienden por contemporánea, como si eso por sí mismo fuera garante de nada. ¿Por qué los jóvenes son los que más furibundamente apoyan y promueven con sus manifestaciones la teoría queer? Creo que se debe a un doble error. Uno, por parte del feminismo tradicional que no ha sabido transmitir su mensaje y ha excluído a la juventud de su toma de decisiones. Las jóvenes millennials acusan al feminismo ortodoxo de cuarta generación, de ser demasiado dogmáticas, de ser demasiado correctas, demasiado convencionales. Puede que incluso de ser demasiado pacíficas. Nos echan encara nuestra pasividad. Somos muy buenas teorizando, pero realmente, no somos prácticas si en 40 años no hemos articulado ni un partido político propio que nos represente y defienda los intereses de las mujeres. Por otra parte, está el desencanto político de los jóvenes, sin referentes claros, fácilmente sugestionables por cualquiera que quiera ocupar el lugar de líder. Ante la falta de perspectivas económicas, encadenando crisis tras crisis, la juventud ha sucumbido sin resistencia a los cantos de sirena de organizaciones que ofrecen un horizonte de fantasía, donde ellos tienen un lugar preeminente, pues les dicen que serán dueños absolutos de su destino. Algo que está siendo utilizado por emergentes partidos que los ven únicamente como votantes y esperan conseguir de ellos nada más que escaños para mantenerse en el poder.
Ellas y ellos (y elles) se revuelven contra el feminismo canónico y contra los partidos convencionales, al igual que la juventud española tras la dictadura. Durante los años 80 y 90 a través de La Movida, los jóvenes tomaron las calles e hicieron suya la cultura y transformaron aquella sociedad heredera del franquismo. Había ganas de ruptura, ansias transformadoras, hambre de libertad. Generaron sus propios códigos, empezando por la música y rápidamente se convirtió en un movimiento imparable que lo colonizó todo, diseño, moda, arte, literatura, dando origen a una transformación social que duró una década. Con lo queer, se está reproduciendo el mismo fenómeno de apropiación de los espacios, por parte de una generación pujante y desencantada en lo laboral y en lo económico
Lo queer es el nuevo punk. Es una forma de matar a la madre, de romper con todo, como acto liberador de repulsa a lo heredado, de autoafirmación. Es más una pataleta, un gesto de rabia que una postura meditada. Por eso debería ser fácil desactivarlo, porque es muy frágil: es más apariencia que contenido. Es pseudo-ciencia, es friki, es una canción de Disney. Lo queer es una elección reivindicativa por lo que conlleva de subvertir el orden establecido. Pero lo cierto es que su implicación en la política es un hecho, porque los movimientos pro-queer han infiltrado todo el establishment.
Lo queer ha venido a quedarse, para desesperación de algunas. Viene a convertirse en un movimiento contracultural, divergente y transversal, que parasita lo cultural por su barniz de posmodernidad, y que además se encuentra fortalecido por los postulados literarios y filosóficos de distintas personalidades, como Judith Butler y Gayle Rubin, o la más reciente Virginie Despentes, con su nueva visión y que ha encontrado su caja de resonancia en unos políticos faltos de tesis propias. En dicha tesitura lo más fácil es dejarse llevar por la posvedad y hacer suyas ideologías prestadas, para evitar tener que desarrollar las propias. Solo desde esta óptica se entiende la influencia y la fascinación que ejerce lo queer sobre algún partido político. Lo está utilizando en sustitución del marxismo por que ve en la juventud un caladero de votos, va a pescar a la población de 16-18 años, jóvenes que votarán por primera vez y a los que hay que fidelizar y conquistar con propuestas novedosas y rutilantes.
En un mundo cambiante y en permanente evolución, con el inicio de un siglo, se requería una teoría rompedora, verdaderamente subversiva a la que agarrarse.
Lo queer es el nuevo punk
De los diagnósticos médicos a la autodeterminación: así regulan otros países europeos el cambio de sexo legal de las personas trans
El periodo de reflexión en Dinamarca
Dinamarca se convirtió en 2014 en el primer país de Europa en aprobar un proyecto de ley que eliminaba los requisitos médicos. La norma danesa establece que cualquier persona puede interponer una solicitud ante el Ministerio de Asuntos Sociales y del Interior. Se requiere que sea mediante un escrito en el que "manifieste la pertenencia al género opuesto". Lo que sí contempla la norma es un periodo de reflexión de seis meses tras los que el solicitante debe volver a confirmar la petición, de nuevo por escrito. Además, es una condición que tenga 18 años.
Otro de los países que han prescindido de condiciones médicas es Malta, que cambió la ley en 2015. La norma modifica el proceso, y también incluye medidas contra la discriminación en otros ámbitos, por ejemplo, la salud. El artículo 3 reconoce que todas las personas tendrán derecho a cambiar el sexo registral y el nombre "a efectos de reflejar su identidad de género autopercibida" y lo podrán hacer "sin estar obligadas a presentar prueba de procedimiento quirúrgico, terapias hormonales o cualquier otro tratamiento psiquiátrico, psicológico o médico".
La ley concreta en su artículo 4 el proceso a seguir: la persona mayor de 16 años deberá presentar una solicitud formal ante notario que debe presentar en el Registro Público y que este inscribirá en un plazo máximo de dos semanas. Debe redactar una declaración "clara, inequívoca e informada de que la identidad de género no corresponde al sexo asignado en el acto del nacimiento". Sin embargo, en el caso de los menores decide un tribunal civil, al que los progenitores deben presentar la solicitud. El proceso debe garantizar "el interés superior del menor" y "dar debida importancia a sus opiniones teniendo en cuenta la edad y la madurez". En 2017, Malta introdujo la posibilidad de que cualquiera pueda elegir tener en sus documentos de identidad un marcador 'X' en lugar de masculino o femenino. Sí tienen un sexo legal, pero optan por no especificarlo.
También hace seis años Irlanda aprobó una ley en esta línea para los adultos. Sin embargo, sí exige requisitos médicos para los menores de 16 y 17 años, que solo pueden pedirlo con el consentimiento de sus progenitores o tutores y con un certificado médico que acredite entre otras cosas "el suficiente grado de madurez" del niño y que está haciendo la transición. Un segundo médico, en concreto un psiquiatra sin relación con el caso, debe refrendarlo. El grupo de expertos nombrado por el ministro de Empleo y Protección Social, encargado de revisar la aplicación de la ley con un informe anual, ha incluido en sus últimas recomendaciones –elaboradas en base a aportaciones ciudadanas, de la comunidad trans y otros agentes como médicos y juristas– el impulso de un "proceso administrativo" para los menores "de cualquier edad".
Luxemburgo aprobó una modificación de su ley en julio de 2018 solo con tres votos en contra con el objetivo de facilitar el procedimiento, que no podrá "justificar una negativa a atender la solicitud" en el hecho de "no haberse sometido a un tratamiento médico, una operación quirúrgica o una esterilización", establece el texto, que también incluye a menores. La persona deberá presentar la petición acompañada de una "recopilación de hechos" que demuestre que su sexo registral "no se corresponde" con el que "se presenta y es conocida". Estos "hechos", que pueden aportarse por cualquier medio, pueden ser que "se presente públicamente con su sexo declarado", sea conocida así por familiares o amigos o haya cambiado de nombre, ejemplifica la norma.
El debate de los menores en Portugal
Además de estos cuatro Estados, hay algunos otros que han avanzado en los últimos años hacia un modelo parecido. Es el caso de Portugal, que eliminó la necesidad de presentar un informe médico, aunque solo para mayores de 18 años. El país aprobó en 2018 la ley de identidad de género con los votos en contra de los partidos conservadores PSD y CDS, que han recurrido al Tribunal Constitucional los artículos relativos al ámbito educativo. La modificación implica que cualquier persona de nacionalidad portuguesa mayor de edad "no impedida ni incapacitada por anomalías psíquicas" puede rectificar su sexo legal por medio de un procedimiento administrativo. En caso de que vuelva a solicitarse, solo puede autorizarlo un juez.
Los menores de 16 y 17 años pueden pedirlo a través de sus representantes legales, pero en este caso sí deben contar con un informe sanitario que "certifique exclusivamente" su capacidad de decisión. Este punto fue objeto de polémica durante la tramitación, pues el presidente se posicionó en contra de que se eliminara cualquier requisito médico para los menores. Bloco de Esquerda (BE) propuso que fuera un procedimiento similar a un matrimonio civil, con testigos, según contó El País, pero el PS lo rechazó y puso sobre la mesa la alternativa de que fuera un informe médico que atestiguara únicamente la voluntad, y "sin hacer referencia a diagnósticos", tal y como finalmente especifica la norma.
Bélgica, por su parte, tiene una regulación similar a la portuguesa y reconoce desde el 1 de enero de 2018 que "las personas transgénero pueden cambiar oficialmente su registro de género y su nombre sin tener que cumplir con requisitos médicos". En los tres meses siguientes tras la presentación de la solicitud, en la que la persona manifiesta su convencimiento, el fiscal puede rechazarla por razones "de orden público". Y posteriormente, entre los tres y seis meses desde la declaración, el solicitante debe hacer una segunda petición que lo confirme y en el que corrobore que conoce la irrevocabilidad del proceso. Como en Portugal, los menores de 16 y 17 años deben acompañar la petición de un dictamen psiquiátrico que avale su capacidad.
En Grecia o Francia, sin médicos, pero en manos de un juez
En otros territorios la decisión queda en manos de un procedimiento judicial, como ocurre en Grecia o Francia. En Grecia la petición debe ser presentada de manera personal ante el tribunal y la declaración, basada en "la voluntad y la sensación personal sobre el propio cuerpo y la imagen externa", se lleva a cabo "en un despacho privado sin publicidad", establece la ley, que restringe el derecho únicamente a personas solteras. A los 15 y 16 años sí se requiere un dictamen positivo de un comité interdisciplinar formado por un psiquiatra infantil, un endocrinólogo, un cirujano, un psicólogo y un pediatra. A los 17, basta con el consentimiento de los progenitores, establece la ley.
En el caso de Francia, el proceso fue desmedicalizado en 2016 a través de la Ley de Modernización de la Justicia del Siglo XXI. Según explicó entonces el Ministerio de Justicia, las personas "no tendrán que demostrar que han recibido tratamiento médico" sino que deberán solicitarlo a un tribunal y proporcionar "pruebas de apoyo", por ejemplo, que es conocida así por su entorno o que ha cambiado su nombre.
Diagnósticos médicos
El grupo mayoritario se corresponde con los países que exigen criterios médicos en todos los casos. En su estrategia LGTBIQ, la Comisión Europea advertía de que, en el caso de las "cirugías y esterilizaciones", son requisitos que "pueden no ser proporcionados y violar normas de derechos humanos". Con todo, muchos países han ido excluyendo estas condiciones en los últimos años. En España, la ley 3/2007, aprobada por el PSOE, abandonó las operaciones genitales que en general se pedían para hacer el cambio en el Registro Civil y pasó a reclamar un informe psicológico y haber pasado dos años de hormonación. En Alemania también se exige un diagnóstico después de que el Tribunal Constitucional declarara en 2011 inconstitucionales los requisitos de someterse a cirugía irreversible y esterilización que contemplaba la legislación del país. Además, en 2017 impugnó que no hubiera una tercera casilla en el registro para las personas intersexuales.
Reino Unido, por su parte, aprobó en 2004 una Ley de Reconocimiento de Género que también eliminaba la condición de pasar por el quirófano, y que estableció la necesidad de presentar dos informes médicos de disforia de género, haber vivido al menos dos años "en el sexo adquirido" y tener intención de hacerlo "hasta la muerte". El Gobierno de Theresa May elaboró una reforma de la legislación para eliminar las condiciones médicas, pero el tema también está sujeto en el país a mucha controversia, y el pasado año Boris Johnson informó de que paralizaba los planes y de que establecería medidas para "salvaguardar los espacios solo para mujeres, incluidos los baños públicos", según publicó The Guardian.
También en Austria se exige el dictamen de un psicólogo que acredita que "hay un sentimiento permanente de pertenecer al otro género, que es irreversible a futuro y que se han tomado medidas destinadas a que haya una convergencia con la apariencia externa del otro género", según explica la asociación de personas trans austriaca TransX.
Es frecuente encontrar países cuyos procedimientos no son del todo precisos, según se extrae de la recopilación que anualmente hace la Asociación Internacional de Lesbianas, Gais, Bisexuales y Trans (ILGA). De acuerdo con el 'Mapeo legal trans' de 2019, ocurre en Italia, donde el cambio de sexo legal es "posible", pero "bajo requisitos pocos claros": según este informe, se necesita una sentencia judicial firme "que atribuya a una persona un sexo distinto al que figura en el acta de nacimiento, después de que hubiera intervenido o modificado sus caracteres sexuales". En 2015, el Tribunal de Casación determinó que la esterilización no era necesaria, añade la asociación.
Por su parte, en Finlandia la ley reclama que el solicitante presente una declaración médica y que haya sido esterilizado o sea infértil. Y en Rumanía, la norma es "vaga e incompleta": "En algunos casos, las autoridades han exigido la intervención quirúrgica de reasignación sexual". Se trata de un proceso judicial para el que se requieren dos informes médicos, pero "la decisión más frecuente es que se necesita cirugía genital", aunque sí "ha habido un caso donde se otorgó el permiso" para hacerlo sin someterse a una operación, recuerda la ILGA. Recientemente, Hungría ha dado pasos atrás en este sentido. En mayo de 2020 el Parlamento aprobó un cambio legal impulsado por el Gobierno ultranacionalista de Viktor Orbán para directamente impedir la rectificación registral de los ciudadanos trans

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